Sexta Palabra

Todo se ha consumado

Todo se ha consumado

Siguiendo con el programa iconográfico diseñado años atrás, en diciembre de 2.005, la Cofradía encarga la ejecución del paso de la Sexta Palabra.

En base a la extraordinaria acogida que tuvo entre los hermanos el paso de la Quinta Palabra, así como el acreditado curriculum del artista y a las magníficas relaciones generadas, se decide encargar la obra de nuevo al escultor sevillano Manuel Martín Nieto.

El paso se estructura sobre dos ejes complementarios.
Por un lado, la figura del Crucificado en los últimos momentos de su vida, que se hace patente en la posición del mentón, casi pegado al pecho, destacando la intensidad expresiva del rostro, reforzado por una viva policromía en la que cobra especial protagonismo la sangre que recorre todo el cuerpo, y que ha dado nombre a la propia advocación de la imagen, el Cristo de la Sangre, sin pasar por alto una genialidad que quiso el escultor regalarnos: una lágrima que brota y se materializa en su mejilla derecha.
Por otro, las figuras de la Santísima Virgen y de María Magdalena. La imagen de Nuestra Señora se encuentra al pie de la Cruz, en actitud de inmenso dolor y abatimiento, mientras que María Magdalena aparece sentada en el suelo, abatida, tendiendo su mano hacia el Crucificado.

Destaca el contraste entre la apagada policromía de la Magdalena y el vistoso estofado en oro del manto y túnica de la Virgen, recreando todo el conjunto una escena de enorme plasticidad e innegable barroquismo.

El Paso fue presentado en el Palacio de los Guzmanes días antes de la Semana Santa de 2.008, en la que ocupó su puesto en el cortejo procesional de Viernes Santo a hombros de 64 braceros. El trono sobre el que procesiona fue elaborado por Torneados Tejerina.

El Santísimo Cristo de la Sangre recibe culto a lo largo del año en la iglesia parroquial de San Salvador del Nido.